Durante 18 años de ministerio en Meoqui, combinó su labor pastoral con un profundo compromiso social, impulsando proyectos de vivienda, infraestructura comunitaria y obras de apoyo para las familias más vulnerables
Hablar del Presbítero Indalecio Muro Ramírez es hablar de una de las figuras que mayor huella dejó en la historia reciente de Meoqui. Aunque nació en Florencia, Zacatecas, fue en este municipio donde desarrolló gran parte de su ministerio sacerdotal y donde su vocación trascendió el ámbito religioso para convertirse en un ejemplo de servicio a la comunidad.
Llegó a la Diócesis de Chihuahua siendo aún seminarista, invitado a concluir su formación sacerdotal en una época en la que existían pocas vocaciones. Desde el inicio de su ministerio destacó por una entrega absoluta a su labor, administrando los sacramentos, visitando enfermos, acompañando a las familias y llevando consuelo a quienes enfrentaban momentos de dificultad.
Su cercanía con la gente lo convirtió en un sacerdote profundamente querido. Nunca limitó su misión al templo; entendía que la fe también debía reflejarse en acciones concretas para mejorar las condiciones de vida de las personas, especialmente de quienes menos tenían.
Fue durante los 18 años que permaneció en Meoqui cuando desarrolló gran parte de su obra social. En coordinación con empresarios y agricultores de la región impulsó la adquisición y lotificación de terrenos para familias que carecían de vivienda. Después de estudiar cada caso, promovía que los beneficiarios recibieran un patrimonio y, en numerosas ocasiones, también gestionaba apoyo para que pudieran construir las primeras habitaciones de lo que después sería su hogar.
Su espíritu de servicio también quedó plasmado en la construcción de 21 capillas distribuidas en distintas comunidades del municipio, así como en diversas canchas deportivas, entre ellas las ubicadas en las colonias San Felipe y Villezcas, espacios que durante décadas han servido como puntos de encuentro y convivencia para niñas, niños y jóvenes.
Otra de sus contribuciones más importantes fue la recimentación de la parroquia de San Pablo durante la década de los ochenta, una intervención que permitió preservar el inmueble y garantizar su estabilidad para las futuras generaciones. Asimismo, respaldó desde sus inicios el proyecto de la Casa del Peregrino, convencido de la importancia de ofrecer apoyo a quienes más lo necesitaban.
Quienes lo conocieron recuerdan también innumerables gestos de solidaridad realizados con discreción: apoyo con materiales para viviendas, ayuda a familias en situación vulnerable y una permanente disposición para escuchar y acompañar a quien llamara a su puerta.
El legado del Presbítero Indalecio Muro Ramírez permanece en las calles, colonias, templos y espacios comunitarios que ayudó a construir, pero sobre todo en la memoria de miles de meoquenses que encontraron en él a un guía espiritual y a un hombre comprometido con el bienestar de su comunidad. Su vida representa un ejemplo de servicio desinteresado, solidaridad y amor por Meoqui, valores que continúan formando parte de la identidad del municipio.
Créditos: José Alfonso Ramos González
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