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Identifican cómo superar el síndrome del impostor en el ámbito laboral

Sentir que no eres lo suficientemente bueno en el trabajo, aunque tengas resultados, experiencia o reconocimiento, puede ser una señal del fenómeno del impostor. Es esa voz interna que insiste en que tus logros no cuentan, que llegaste por suerte o que en cualquier momento alguien descubrirá que no sabes tanto como aparentas.

Aunque suele llamarse “síndrome del impostor”, no es un diagnóstico médico. Los especialistas lo describen como un patrón de duda personal que aparece en personas competentes, especialmente cuando enfrentan retos nuevos, ascensos, evaluaciones, cambios de empleo o ambientes muy competitivos.

Señales del fenómeno del impostor

Una de sus señales más comunes es atribuir los logros a factores externos. En lugar de reconocer preparación, esfuerzo o habilidad, la persona piensa que tuvo suerte, que alguien la ayudó demasiado o que la tarea era fácil. Incluso cuando recibe buenos comentarios, siente que no fueron completamente merecidos.

Otra señal es vivir con miedo a ser “descubierto”. La persona puede entregar buenos resultados, pero internamente siente que está engañando a los demás. Ese temor puede llevarla a trabajar de más, revisar todo de forma excesiva o evitar oportunidades por miedo a no estar a la altura.

También puede aparecer dificultad para aceptar cumplidos. Si alguien dice “hiciste un gran trabajo”, la respuesta inmediata suele ser justificarlo: “no fue nada”, “me ayudaron mucho”, “cualquiera lo habría hecho” o “tuve suerte”. Con el tiempo, esa costumbre entrena a la mente para borrar sus propios méritos.

El perfeccionismo es otro rasgo frecuente. La persona puede sentir que un error pequeño invalida todo lo que hizo bien. En vez de ver el error como parte del aprendizaje, lo interpreta como prueba de que no pertenece al puesto, al equipo o al nivel de responsabilidad que ocupa.

Este fenómeno no afecta solo a quienes empiezan. También puede aparecer en profesionistas con años de experiencia, estudiantes destacados, emprendedores, líderes o personas que han acumulado logros visibles. De hecho, mientras más exigente es el entorno, más fácil puede ser sentir que nunca se está haciendo suficiente.

Estrategias para combatirlo

Una clave para combatirlo es aprender a aceptar los cumplidos sin desarmarlos. No hace falta responder con arrogancia ni exagerar. Basta con practicar frases simples como “gracias, me esforcé mucho” o “gracias, me alegra que se haya notado”. Reconocer un logro no es presumir; es dejar de negarlo.

La segunda herramienta es registrar los logros por escrito. Al final de la semana, puede anotarse qué se resolvió, qué se aprendió, qué problema se destrabó o qué comentario positivo se recibió. Este registro funciona como evidencia concreta cuando la mente intenta convencerte de que “no hiciste nada”.

También ayuda separar sensación de realidad. Sentirse inseguro antes de una presentación, entrevista o proyecto grande no significa ser incapaz. La duda puede aparecer incluso cuando hay preparación. Lo importante es no permitir que esa emoción decida por completo lo que haces o dejas de intentar.

En el trabajo, también conviene revisar el contexto. A veces la inseguridad no nace solo dentro de la persona, sino en ambientes donde no hay retroalimentación clara, se castigan errores, se exige disponibilidad permanente o se minimizan los logros. Combatir el fenómeno del impostor no debe servir para ignorar malas prácticas laborales.

Pedir apoyo también es válido. Hablar con un mentor, colega de confianza o profesional de salud mental puede ayudar a poner en perspectiva los pensamientos de fraude. Escuchar que otras personas capaces han sentido lo mismo suele aliviar la idea de estar fallando en secreto.

Creer que no mereces tu éxito no significa que sea verdad. Muchas veces significa que tu mente todavía no actualiza la imagen que tiene de ti. Registrar avances, aceptar reconocimiento y permitirte aprender sin perfección puede ser el primer paso para dejar de vivir como visitante en un lugar que también te ganaste.


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