El cielo se vuelve aliado de los embalses del centro-sur. Mientras el sol castigó durante meses los niveles de almacenamiento, la esperanza se asoma con cada nube. La Francisco I. Madero y La Boquilla, dos gigantes de concreto y tierra que sostienen el pulso agrícola de la región, aguardan el respiro que traerían las tormentas pronosticadas para los próximos días.
Con el estiaje aún fresco en la memoria, los ojos de los módulos de riego y las autoridades se han vuelto hacia el cielo. No es capricho: la temporada de lluvias, que asoma con fuerza en la cuenca alta y media, podría cambiar el tablero hídrico de la zona.
Hoy, las cifras hablan de un pulso desigual entre las dos principales presas de la región. La Francisco I. Madero, conocida como Las Vírgenes y custodiada por el municipio de Rosales, se sostiene en un 57.64% de su capacidad. Un respiro, sin duda, pero aún lejos de su esplendor. En el otro extremo, La Boquilla, esa enorme masa de agua que se extiende en San Francisco de Conchos, apenas alcanza el 22.04%.
Y es que el pronóstico meteorológico no es un simple dato en un mapa. Los modelos anticipan lluvias consistentes en las próximas horas, con especial énfasis en la cuenca alta y media, donde nacen los arroyos que alimentan a estos colosos. Si las nubes cumplen su promesa, los escurrimientos llegarán como una caricia urgente: cada gota que caiga en las sierras se convertirá en caudal que viaja hasta los embalses.
No es un asunto menor. Para los agricultores de la región centro-sur, estas precipitaciones son el boleto para encarar el ciclo de siembra con optimismo.
Las autoridades, por su parte, no bajan la guardia. Aunque el anuncio de lluvias enciende luces de alivio, el monitoreo es permanente. Cada nivel, cada pronóstico, cada escurrimiento se sigue con lupa, porque en estos días se juega mucho más que el agua: se juega la estabilidad de un ecosistema productivo que late al ritmo de los embalses.
Por ahora, solo queda esperar. Que el pronóstico no falle, que las nubes no se desvanezcan y que Las Vírgenes y La Boquilla recuperen el brillo perdido. Porque en el norte de México, el agua no es solo recurso: es memoria, es futuro, es vida que se abre camino entre la tierra reseca y el cielo que, al fin, parece querer acompañar.
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