Abrir el refrigerador y encontrar jitomates sin sabor, pan endurecido o una cebolla que dejó todo con su aroma demuestra que el frío no siempre conserva mejor los alimentos. Mientras algunos productos duran más dentro del refrigerador, otros pierden textura, aroma o calidad cuando se guardan ahí por costumbre.
Entre los alimentos que sí conviene refrigerar están las tortillas, especialmente después de abrir el paquete. Su humedad y poco grosor facilitan la aparición de moho a temperatura ambiente; mantenerlas bien cerradas en frío puede prolongar su duración. Para recuperar su flexibilidad basta calentarlas unos segundos en comal o microondas.
Los limones, naranjas y otras frutas cítricas pueden quedarse en el frutero si serán consumidos en pocos días, pero duran considerablemente más dentro del cajón del refrigerador. La mejor opción es colocarlos secos y sin amontonarlos demasiado, ya que una pieza húmeda o dañada puede acelerar el deterioro de las demás.
La crema de cacahuate natural también suele necesitar frío después de abrirse. Como no siempre contiene estabilizantes, el aceite se separa y puede volverse rancio si el frasco permanece durante semanas en una cocina caliente. Si se consume rápidamente puede mantenerse en un lugar fresco, pero para guardarla durante más tiempo conviene refrigerarla y mezclarla antes de usarla.
La cátsup comercial resiste bien antes de abrirse debido a su acidez, pero una vez utilizada por primera vez el refrigerador ayuda a conservar mejor su sabor y color. Lo mismo ocurre con el jarabe de maple puro, que a diferencia de los jarabes comerciales para hot cakes puede desarrollar moho porque no contiene los mismos conservadores.
Los huevos comprados refrigerados deben permanecer en frío y, de preferencia, dentro de su caja original en una repisa interior, no en la puerta donde la temperatura cambia cada vez que se abre. Sacarlos y dejarlos durante horas en la cocina puede generar humedad sobre el cascarón; las guías de seguridad recomiendan no mantener huevos refrigerados fuera por más de dos horas.
El elote fresco, la harina integral y los pasteles con crema, natilla, huevo o lácteos también agradecen el frío. El elote pierde rápidamente parte de su dulzor después de cosecharse, mientras los aceites naturales de la harina integral pueden adquirir sabores rancios. Los pays de fruta resisten un tiempo limitado a temperatura ambiente, pero aquellos con rellenos cremosos deben refrigerarse cuando hayan terminado de enfriarse.
Alimentos que no deben refrigerarse
En el grupo contrario aparecen las papas. Guardarlas en el refrigerador puede transformar parte de su almidón en azúcares y aumentar la formación de acrilamida cuando después se fríen, hornean o doran a temperaturas altas. Lo ideal es mantenerlas enteras en un sitio oscuro, seco, ventilado y separado de las cebollas.
Las cebollas y los ajos enteros también prefieren la despensa. El ambiente húmedo del refrigerador puede ablandarlos y favorecer que broten o desarrollen moho. Una vez cortados o pelados, la historia cambia: deben colocarse en un recipiente cerrado y llevarse al frío para conservarlos y evitar que su olor invada otros alimentos.
Los jitomates enteros suelen desarrollar mejor sabor y textura a temperatura ambiente, especialmente si todavía necesitan madurar. El frío puede volver su pulpa harinosa y disminuir su aroma. Cuando ya están completamente maduros y no se consumirán pronto, refrigerarlos puede evitar que se echen a perder, pero conviene sacarlos un rato antes de servirlos.
El pan tampoco mejora necesariamente en el refrigerador. Las bajas temperaturas aceleran cambios en el almidón que lo vuelven seco y duro más rápidamente. Si será consumido durante pocos días puede mantenerse bien cerrado en la despensa; para conservarlo durante varias semanas resulta más conveniente congelarlo en rebanadas y sacar únicamente las necesarias.
Los plátanos, aguacates duros y algunas frutas de hueso deben permanecer fuera hasta completar su maduración. Refrigerarlos demasiado pronto puede detener o alterar el proceso. Una vez maduros, el frío puede darles algunos días adicionales, aunque la cáscara del plátano se oscurezca sin que necesariamente su interior esté dañado.
La miel tampoco necesita refrigeración. El frío favorece que se cristalice y se vuelva difícil de servir, pero eso no significa que se haya echado a perder. Debe mantenerse bien cerrada, lejos de humedad y utensilios sucios; si aparecen cristales, el frasco puede colocarse en agua tibia para recuperar una consistencia más líquida.
Recomendaciones generales
Más importante que memorizar una lista es distinguir entre alimentos perecederos y productos que únicamente pierden calidad. Carnes, pescados, lácteos, huevos, comida preparada y sobras necesitan refrigeración rápida. Los alimentos perecederos no deben permanecer fuera más de dos horas, o una hora cuando la temperatura ambiente supera los 32 grados Celsius; las sobras refrigeradas suelen consumirse dentro de tres o cuatro días.
El refrigerador tampoco funciona como una máquina capaz de rescatar cualquier alimento olvidado. Debe mantenerse a 4 grados Celsius o menos, sin llenarlo tanto que se bloquee la circulación del aire. Guardar cada producto en el lugar correcto evita desperdicios y deja una regla bastante sencilla: el frío puede alargar la vida de muchos alimentos, pero a otros literalmente les congela la personalida
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