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No te obsesiones con los niveles de azúcar

A estas alturas, Ora Larson reconoce lo que está ocurriendo. “Siento como si temblara por dentro”, dijo. “Estoy acelerada. Estoy ansiosa”. Si alguien le pregunta si quiere una ensalada para comer, no sabe qué responder.

Este año ha tenido varios episodios de este tipo, y parece que cada vez son más frecuentes.

“Se queda mirando fijamente y se pone de un color gris y luego se queda confusa”, dijo su hija, Susan Larson, de 61 años. “Da mucho miedo”.

La hipoglucemia se produce cuando los niveles de azúcar en sangre, o glucosa, bajan demasiado; una lectura por debajo de 70 miligramos por decilitro es una definición aceptada. Puede afectar a cualquier persona que tome medicamentos hipoglucemiantes para controlar la enfermedad.

Pero ocurre con más frecuencia a edades avanzadas. “Si has sido diabético durante años, es probable que hayas sufrido un episodio”, dijo Sei Lee, geriatra de la Universidad de California en San Francisco, quien investiga la diabetes en los adultos mayores.

Larson, de 85 años, padece diabetes de tipo 2 desde hace décadas. Ahora, a su endocrinólogo y a su médico de atención primaria les preocupa que la hipoglucemia pueda provocar caídas, fracturas óseas, arritmias cardiacas y daños cognitivos.

Ambos le han aconsejado que no deje que su hemoglobina A1c, una medida de la glucemia media a lo largo de varios meses, supere el 7 por ciento. “Dicen: ‘No te preocupes demasiado por los altos, queremos prevenir los bajos’”, dijo Larson hija.

Pero su madre lleva 35 años trabajando para mantener una A1c por debajo del 7 por ciento, una recomendación habitual, el objetivo sobre el que la gente canta y baila en los anuncios farmacéuticos.

Se inyecta fielmente el medicamento que le han recetado, Victoza, unas tres veces por semana, y vigila su dieta. Es la miembro más veterana de la clase de Aqua para la artritis en una piscina local de Saint Paul, Minnesota.

Por eso, cuando sus médicos le recomendaron una A1c más alta, se resistió. “Creo que son tonterías”, dijo Larson madre. “No tenía sentido para mí”.

“Recibía muchos ánimos y reconocimiento de sus médicos por controlar la diabetes, por mantenerse al día”, explicó su hija. “Siempre elogiaban su ‘control estricto’”.

“Para quien ha sido tan cumplidora todos estos años, es como si hubieran cambiado las reglas”.

De hecho, han cambiado.

Hace más de una década, la Sociedad Estadounidense de Geriatría pidió una hemoglobina A1c de 7.5 a 8 para la mayoría de los adultos mayores diabéticos, y de 8 a 9 por ciento para los que se enfrentan a múltiples enfermedades crónicas y una esperanza de vida limitada. (Larson padece esclerosis múltiple e hipertensión).

Otras sociedades médicas y grupos de defensa, como la Asociación Estadounidense de Diabetes y la Sociedad Endocrina, también han revisado al alza sus directrices para los pacientes mayores.

Relajar un tratamiento agresivo puede implicar dejar de tomar un fármaco, reducir una dosis o cambiar a otro medicamento, un enfoque denominado desintensificación.

La aparición de nuevos fármacos eficaces contra la diabetes —los agonistas del receptor de GLP-1, como Ozempic, y los inhibidores de SGLT2, como Jardiance— ha alterado aún más el panorama. Algunos pacientes pueden sustituir estos medicamentos más seguros por otros más antiguos y arriesgados.


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