La Fuerza Aérea de Estados Unidos presentó los nombres oficiales de sus nuevos aviones de combate colaborativos: el FQ-44 Fury y el FQ-42 Vengeance, aeronaves no tripuladas que formarán parte de la modernización de su flota militar.
El anuncio fue realizado por el secretario de la Fuerza Aérea estadounidense durante la Conferencia Nacional de la Asociación de la Fuerza Aérea y el Espacio, donde señaló que la asignación de nombres representa un nuevo paso para el programa de Aeronaves de Combate Colaborativas, conocido como CCA por sus siglas en inglés.
Un avión de combate colaborativo es una aeronave no tripulada que utiliza inteligencia artificial (IA) y sistemas autónomos para acompañar y apoyar a cazas pilotados.
Puede identificar amenazas, realizar labores de vigilancia, transportar armas o atacar objetivos bajo la supervisión y autorización de personal militar, con el propósito de ampliar las capacidades de una misión sin exponer directamente a otro piloto.
La Fuerza Aérea estadounidense prevé adquirir alrededor de mil unidades de estos sistemas para incrementar su alcance, capacidad de respuesta y presencia en zonas donde exista una fuerte oposición militar.
El secretario confirmó que el objetivo es disponer de 500 de estas aeronaves para 2032, como parte de una estrategia orientada a fortalecer la superioridad aérea de Estados Unidos.
Guerras se dirigen a duelos de drones con IA
La guerra en Ucrania mostró que los drones dejaron de ser herramientas secundarias. Actualmente se utilizan de forma cotidiana para vigilar el terreno, localizar tropas, corregir disparos de artillería y atacar vehículos, posiciones defensivas e infraestructura sin arriegar vidas a la ofensiva.
También evidenció que aeronaves relativamente económicas pueden destruir o poner en riesgo equipos militares mucho más costosos.
Los drones de visión en primera persona, conocidos como FPV, incluso modificaron la manera en que las fuerzas se desplazan y se protegen en el frente.
Irán, por su parte, ha desarrollado drones de largo alcance y sistemas capaces de atacar objetivos a cientos de kilómetros.
Su empleo directo y su distribución entre fuerzas aliadas han extendido esta tecnología en Medio Oriente, tanto para ataques como para labores de reconocimiento.
Los aviones de combate colaborativos representan una nueva etapa de esa evolución. A diferencia de los drones convencionales, incorporan inteligencia artificial y mayores niveles de autonomía para volar junto con cazas tripulados, compartir información, detectar amenazas y participar en misiones de combate bajo supervisión humana.
Con ello, las fuerzas aéreas buscan ampliar su capacidad de ataque sin exponer a más pilotos y distribuir las funciones de una misión entre varias aeronaves.
El objetivo es que los sistemas no tripulados complementen a los aviones tradicionales y asuman algunas de las tareas de mayor riesgo.
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