Hoy, 8 de octubre, se conmemora el Día Mundial de la Dislexia, una fecha para entender mejor una dificultad de aprendizaje que afecta la forma de leer y escribir de millones de personas, entre ellas niños y adultos en Juárez que muchas veces ni saben que la tienen.
Se estima que afecta a entre 5 y 20% de la población, según cómo se mida, aunque la cifra más repetida es 10%. Eso significa que en un salón de 30 alumnos puede haber varios con dislexia. Y no tiene nada que ver con ser menos listo.
¿Qué es la dislexia?
La dislexia es una dificultad específica del aprendizaje que afecta sobre todo la lectura y la escritura. Se origina en el cerebro, suele ser hereditaria y tiene que ver con cómo se procesan los sonidos del idioma.
En palabras simples: a la persona le cuesta conectar los sonidos con las letras y las palabras escritas. Por eso puede leer despacio, equivocarse al deletrear o tener que releer varias veces para entender un texto.
La Clínica Mayo, por ejemplo, describe que no se relaciona con problemas de inteligencia, sino con diferencias en las zonas del cerebro que permiten leer.
Los mitos más comunes
“Ven las letras al revés.” Es lo que más se cree, pero no es así. Algunas personas con dislexia confunden letras parecidas, como la b y la d, pero no es lo que define la condición. De hecho, muchos niños sin dislexia las voltean mientras aprenden a escribir, algo normal hasta los 7 años aproximadamente.
“Es flojera o falta de ganas.” No. Quien tiene dislexia suele esforzarse el doble para lograr lo que a otros les cuesta menos.
“Se les quita con el tiempo.” No desaparece, es una condición para toda la vida. Lo que sí cambia es que, con apoyo y estrategias, se aprende a manejarla muy bien.
“Son menos inteligentes.” Falso. Hay personas con dislexia con altísimo rendimiento. La inteligencia y la dislexia no están conectadas.
Señales para estar atento
En niños pueden verse cosas como:
Dificultad para aprender el abecedario y los sonidos de las letras.
Lectura lenta o muy por debajo de lo esperado para su edad.
Problemas para rimar o aprender canciones infantiles.
Dificultad para recordar secuencias, como los días de la semana o los meses.
Errores constantes de ortografía.
En adolescentes y adultos se parecen: ortografía complicada, lectura lenta, trabajo para encontrar la palabra exacta, mala pronunciación de nombres o frustración al leer en voz alta.
¿Qué hacer si sospechas que alguien la tiene?
Lo primero es no etiquetar ni regañar. Una sola señal no es suficiente para decir que hay dislexia.
No existe una prueba única para detectarla. Lo recomendable es acudir con especialistas, como pediatras, neuropsicólogos o terapeutas de lenguaje, que evalúan varios aspectos. En el IMSS, por ejemplo, el abordaje es de un equipo multidisciplinario que incluye áreas como audiología y foniatría.
Detectarla a tiempo hace una gran diferencia. Según la Asociación Internacional de Dislexia, los niños que reciben apoyo desde kínder y primer grado tienen muchos menos problemas para leer al nivel de su grado que los que lo reciben hasta tercero.
Si tu hijo o hijo de alguien cercano batalla con la lectura, platica con su maestro y pide una valoración. Y si eres adulto y siempre sentiste que leer te costaba más, también es válido preguntar. Nunca es tarde para entender cómo funciona tu cerebro y encontrar estrategias que te faciliten la vida.
There is no ads to display, Please add some


