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Calcula tus ciclos de sueño y evita despertar cansado

Dormir ocho horas y despertar cansado puede parecer una contradicción, pero a veces la explicación está en el momento exacto en que suena la alarma. El sueño no ocurre de forma uniforme durante toda la noche: el cerebro avanza por distintas etapas que se repiten en ciclos.

Un ciclo de sueño incluye fases de sueño ligero, sueño profundo y sueño REM, etapa asociada con los sueños más vívidos. Durante la noche, el cuerpo va alternando entre estas fases varias veces, y cada vuelta completa suele durar entre 90 y 120 minutos.

La regla popular de los 90 minutos nace de esa idea. Si una persona despierta al final de un ciclo, cuando el sueño es más ligero, puede sentirse más despejada. En cambio, si la alarma interrumpe una fase de sueño profundo, es más probable que aparezca esa sensación de pesadez, confusión y cansancio conocida como inercia del sueño.

La inercia del sueño no es flojera. Es un estado temporal en el que el cerebro tarda en recuperar por completo la alerta después de despertar. Puede durar desde algunos minutos hasta más tiempo, especialmente cuando hubo falta de sueño, horarios irregulares o un despertar en un momento de descanso profundo.

Por eso, algunas personas intentan calcular su descanso en múltiplos de hora y media. En lugar de dormir seis horas y media, buscan completar seis, siete horas y media o nueve horas, considerando que esos tiempos podrían coincidir mejor con el cierre de varios ciclos.

Un ejemplo práctico sería este: si necesitas despertar a las 6:30 de la mañana, podrías intentar dormir alrededor de las 11:00 de la noche para completar cerca de siete horas y media. Si necesitas menos tiempo, otra opción sería dormir alrededor de las 12:30 para completar seis horas, aunque para la mayoría de los adultos esta cantidad puede quedarse corta si se repite.

También conviene sumar el tiempo que tardas en quedarte dormido. Si normalmente demoras 15 o 20 minutos en conciliar el sueño, no basta con acostarte justo a la hora calculada. Lo ideal es apagar pantallas, bajar luces y entrar a la cama con margen suficiente para que el ciclo empiece realmente.

Aun así, el truco no es exacto. Los ciclos cambian según la edad, el cansancio acumulado, el estrés, el alcohol, la cafeína, los medicamentos y la calidad del sueño. Además, durante la primera mitad de la noche suele haber más sueño profundo, mientras que en la segunda mitad aumenta el sueño REM.

La base sigue siendo dormir lo suficiente. Los CDC recomiendan que la mayoría de los adultos duerman al menos siete horas por noche. Calcular ciclos puede ayudar a ajustar la alarma, pero no compensa una semana de desvelos ni un descanso interrumpido constantemente.

Para despertar mejor, también ayuda mantener horarios similares todos los días, recibir luz natural al levantarse, evitar cafeína por la tarde y reducir pantallas antes de dormir. La habitación fresca, oscura y silenciosa puede favorecer que los ciclos ocurran con menos interrupciones.

Si el cansancio persiste aunque duermas suficientes horas, roncas fuerte, despiertas con sensación de ahogo, tienes dolor de cabeza matutino o te quedas dormido durante el día, conviene buscar valoración médica. A veces el problema no es la alarma, sino la calidad del sueño.

El truco de los 90 minutos puede ser una herramienta útil para planear la noche, pero no debe verse como una fórmula mágica. La mejor estrategia es combinar ciclos completos, suficientes horas de descanso y una rutina estable para que el despertador no caiga justo en el peor momento.


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