Antes de que la Mannschaft conquistara la Copa del Mundo en Brasil 2014, no hubo conjunto europeo que ganara el torneo de la FIFA en las ediciones que se realizaron en el continente americano.
En ese entonces, en el Estadio Maracaná, la Albiceleste saboreaba la posibilidad del título, justo al enfrentar al cuadro teutón, al que venció en su segunda conquista mundialista en 1986 en México.
Con todo y Messi, el combinado sudamericano se quedó corto y sucumbió con el gol de Mario Götze en los tiempos extra.
Ahí, Argentina dejó ir la racha, además de volver a caer ante Alemania, como aconteció en Italia 90.
Ahora el destino le devuelve al conjunto argentino la oportunidad de la redención y de ponerse a mano con su historia en dos vertientes: por un lado lograr por primera vez un bicampeonato del mundo, algo que solo tienen en sus anales Italia y Brasil, y por el otro, reavivar la Doctrina Monroe: «América para los americanos».
Mientras la Copa del Mundo alternó su sede entre países de Europa y América, de 1930 a 1998, todas las ediciones en el suelo europeo las obtuvieron representativos de ese continente —salvo 1958, ganada por Brasil—, y las que se llevaron a cabo en territorio americano se repartieron entre la Canarinha, Uruguay y Argentina.
Vinieron Mundiales ya en otros continentes, torneos en los que los equipos sudamericanos tomaron ventaja con los éxitos de Brasil en Corea / Japón 2002 y la propio Argentina en Qatar 2022, por una coronación de España en Sudáfrica 2010.
Si la Albiceleste se impone ahora a la Roja en la nueva Final mundialista, devolverá ese orgullo y tendrá el plus de darle a Lionel Messi un marco de despedida ideal de la Selección.
El 10 argentino ya había tenido una aparente despedida por la puerta grande en Qatar, pero decidió seguir y un segundo campeonato mundial lo encumbraría aún más.
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